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A Dom Perignon le encantaba experimentar con las burbujas, por eso está conceptuado como uno de los grandes perfeccionadores de la bebida. Antes, para tapar las botellas se utilizaba madera y cáñamo; y el tapón saltaba todo el tiempo. Es por eso que el monje, al escuchar por boca de colegas españoles acerca del corcho, una material más elástico, decidió probarlo. También usó vidrios más gruesos para que las botellas no explotaran por la presión interna. Y por si fuera poco, al ver que los ratones de las bodegas roían los corchos, los recubrió de cera para alejar a los roedores.
Algunos defienden que fue Dom Pérignon tras visitar el monasterio benedictino de Sant Feliu de Guixols. No hay datos fiables sobre este hecho y mientras Oz Clarke se lo atribuye a él en su reconocido libro "Atlas del vino", Hugh Jonhson lo desmiente en su obra "El vino. Nuevo atlas mundial". |